| Escena de la Pasión de Cristo. El Prendimien Informes sobre Ejercicios Espiritual |
Está ubicado a catorce kilómetros de San Miguel de Allende, rumbo a Dolores Hidalgo, y es ejemplo notable y enigmático del arte y la arquitectura barrocos del siglo XVIII en la Nueva España, “por su singular e intenso misticismo pasionario, por su decoración pictórica barroca y la mística poesía que se mezcla a las figuras plásticas”.(2)
En una Descripción histórica cercana a 1860, anónimo autor destaca que de todos los edificio religiosos que la piedad conoce con el nombre de Santuarios, situados en el obispado de Michoacán, ninguno ha llamado mas la atención del viajero cristiano como éste de Jesús Nazareno de Atotonilco, distante dos leguas y medía de la ciudad de San Miguel de Allende.[...] el devoto desde luego hallará en el interior de su no muy bien regulada fábrica, y en el campo donde está situado, muchos lugares parecidos a los de la ciudad Santa de Jerusalén.(3)
La alusión a la ciudad santa no es gratuita, el mismo padre Alfaro pretendió con la edificación del Santuario, imbuído no sólo en los preceptos del Concilio de Trento y la Contrarreforma, sino también en la labor de los primeros evangelizadores de la Nueva España, la más ambiciosa de las utopías: implantar una sociedad cristiana perfecta en la nueva Ciudad de Dios, aquella de la que hablaron San Juan (en su visión apocalíptica) y San Agustín.
En los programas doctrinal y constructivo del Santuario -como en el siglo XVI sucedió con las edificaciones mendicantes (franciscanas, dominicas y agustinas)- se vieron plasmados los conceptos mesiánicos de la urbe bíblica, queriendo ver en los paisajes sanmiguelenses el justo escenario para fundar la nueva Jerusalén y la verdadera Iglesia en tierras del Nuevo Mundo.(4)
Los afanes de encontrarle parecido a Atotonilco con la Jerusalén celestial son revelados por el propio Neri de Alfaro al obispo don Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, en carta de 1870:
... y digo que habiendo salido por beneficio divino, sin humana industria, este Santuario de Jesús Nazareno, una viva copia en la distribución de sus Capillas, terreno, y distancia de la Villa, planteo del de la Ciudad de Jerusalem según el R.P.D. Antonio del Castillo y Don Pedro Durán, en sus libros El devoto peregrino, y Peregrinación del hijo de Dios, dequienes se han sacado dos grandes mapas que al óleo están pintados en la sacristía de este Santuario, faltando sólo para su completo la Capilla del Calvario, y estando a más de tiro de escopeta es este terreno, un cerro en todo parecido, y semejante al monte Calvario.(5)
Por último, en 1883 haciendo eco de las ideas del fraile sanmiguelense, Jesús E. Aguirre levanta un plano del templo y la casa de ejercicios, en el que incluye el siguiente comentario, "...tiene todo este territorio y Santuario mucha semejanza con los Santos Lugares de Jerusalem, donde anduvo Cristo Señor Nuestro, como son Gericó, Cafarnahum, Nazaret y Belem, con mas especialidad el Cerrito del Ojo de Agua es muy parecido al Monte Calvario donde murió Cristo vida nuestra...(6)
El monumental conjunto se compone del templo dedicado a Jesús Nazareno, cuya construcción empezó, como vimos antes, el 3 de mayo de 1740; el Camarín de Jesús Nazareno y la antigua Sacristía (espacios finalizados en 1748); a la izquierda las capillas de Belén y del Santo Sepulcro (concluidas el 18 de marzo de 1763); las de la Santa Casa de Loreto y su camarín, y de Nuestra Señora del Rosario y camarín (1766); junto con la del Calvario (terminada después de la muerte del fraile en 1776); además de la Casa de Ejercicios (1765).
De hecho estamos ante la casa de ejercicios espirituales más grande del mundo, donde hasta la fecha se siguen llevando a cabo los ejercicios que dejara escritos San Ignacio de Loyola, con alteraciones "alfarianas", pues es preciso recalcar que el oratoriano exageraba la demostración pública de sus virtudes, y subrayaba con énfasis la penitencia y castigos que implicaban los Ejercicios Espirituales.(7)
El móvil más profundo y vital del arte religioso que alberga el Santuario de Jesús Nazareno, fue el de provocar en los fieles que acudían a los retiros espirituales el deseo de sentir la presencia divina, conforme lo estableció la Reforma católica de la época.
Así, las innumerables obras pictóricas que alberga el recinto fungieron como soporte esencial para acceder a la vida en la fe a través de la conversión, la penitencia, la eucaristía y la experiencia mística.(8)
Conforme al plan doctrinal, el interior del conjunto arquitectónico se encuentra ricamente decorado, combinando la obra mural de Miguel Antonio Martínez de Pocasangre con los místicos versos redactados por el propio padre Neri, como el siguiente persuasivo sobre el Juicio Final, ubicado en una de las hojas de la puerta de entrada al templo:
"Esta voca, que te asecha
horrible, fiera, y voraz
aunque trage mas, y mas,
nunca se halla satisfecha:
De su espanto te aprovecha
pues si pudiera su anhelo
con incansable desvelo
en este vientre profundo
sumergiera a todo el mundo
sepultara a todo el Cielo."
En este extraordinario recinto sacro, pletórico en escenografías pasionarias que además conjuntan esculturas y pinturas en lienzo de reconocidos artistas novohispanos como Nicolás Rodríguez Juárez, también se albergan dos preciosos ciclos temáticos dedicados al simbolismo espiritual y culto del Divino Corazón de Jesús, del propio Martínez de Pocasangre.
La serie pictórica, localizada en los tableros del cancel de ingreso, basada en los grabados de Boecio de Bolswert, incluidos en el libro de Benedictus van Haeften Schola Cordis sive aversi a Deo cordis ad eumdem reductio, et instructio (1663), es resultado tangible de la mentalidad alegórica y emblemática del siglo XVIII que habían implantado los jesuitas en tierras americanas, y cuya espiritualidad se sigue conjugando con extraordinaria intensidad en San Miguel el Grande y su Casa de Ejercicios.(9)
La relación histórica, social y artística del Santuario con la villa de San Miguel es más que evidente e indisoluble. Sobre todo en el plano espiritual, gracias a la intensa labor doctrinal del padre Neri de Alfaro,pues su proyecto espiritual fue culminado emblemáticamente con la fundación del Santuario de Atotonilco, su origen en San Miguel y su población histórica.(10)
La racionalidad y las dimensiones de esta empresa espiritual solo podrán ser comprendidas analizando la vigencia que han tenido a través de los años: la fundación de congregaciones, prácticas religiosas y los circuitos procesionales heredados por Luis Felipe Neri de Alfaro, que articulan de manera estrecha y alegórica a la ciudad de San Miguel de Allende con el Santuario de Atotonilco.(11)
Viejas formas con nuevo sentido
Finalmente, podemos decir que la arquitectura religiosa y civil de San Miguel de Allende y el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, así como sus elementos artísticos, fueron en un principio fundamentalmente conservadores en cuanto a la disposición de espacios y con denominadores comunes muy evidentes. Sin embargo, poco a poco se vieron singularizados en el ámbito novohispano por la incorporación de conceptos, ideas y modalidades artísticas y arquitectónicas particulares, de orígen europeo pero con características locales en base a un vocabulario formal propio, “consciente y racional”, (12) que les permitió liberarse de recursos y artificios desgastados.
Obras desconcertantes para quien las quiera ver y constreñir a los modelos y estilos europeos, a lo largo de su período formativo el lenguaje estético y urbanístico sanmiguelense experimentó un lógico y “claro proceso de depuración” y singularidad, que le permitió rechazar viejas fórmulas y modelos, incorporando principios básicos propios de su identidad.(13)
Dilatado periodo formativo en el que las pautas arquitectónicas y artísticas de la Contrarreforma y del Siglo de las Luces fueron puestas en práctica, pero sobre todo reelaboradas dando pie también, al igual que en el campo académico, a una primera ilustración artística y arquitectónica mexicana, que, en la villa de San Miguel y el Santuario tuvo un afortunado campo de experimentación que dio, como fruto, un nuevo y singular lenguaje estético.
Para concluir, debemos recalcar que hoy en día San Miguel de Allende y el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco, son dos de los sitios monumentales y urbanos mejor conservados de este tipo de ciudades que forjaron a través de los años su propia identidad, producto de la posición que históricamente les fue conferida por situarse en un punto geográfico estratégico, además de estar conformados por un grupo poblacional que, a lo largo del tiempo, edificó el pensamiento e ideario de una muy particular sociedad criolla.
Singularidad poblacional que ha preservado, hasta nuestros días, su vital presencia cultural lo mismo en ritos ceremoniales que en festividades, al igual que en la conservación de su rica y vasta herencia cultural, tangible e intangible.
NOTAS Y REFERENCIAS:
(1) Luis Phelipe Neri de Alfaro, “Descripción del Santuario de Atotonilco, cercano a la Villa de San Miguel el Grande, 1766” (ACM, siglo XVIII, caja 113, exp. 66), en José de Santiago Silva, Atotonilco, Alfaro y Pocasangre. Apéndice documental, Guanajuato, Ediciones La Rana, 2004, p. 79.
(2) Elisa Vargaslugo, "La obra de arte como móvil de la experiencia mística" en Arte y Mística del barroco, México, UNAM-Conaculta-DDF, 1994, p. 123.
(3) José de Santiago Silva, Atotonilco, Alfaro y Pocasangre. Apéndice documental, Guanajuato, Ediciones La Rana, 2004, pp. 148-149
(4) Cf. Miguel Ángel Fernández, La Jerusalén Indiana. Los conventos-fortaleza mexicanos del siglo XVI, México, Smurfit Cartón y Papel de México, 1992, p. 20.
(5) ACM, siglo XVIII, caja 55, Exp. 154, en José de Santiago Silva, ibid., p. 43; los “mapas” son en realidad los óleos antes mencionados de Martínez de Pocasangre.
(6) Ibid., p. 126.
(7) Cf. Joaquín Bérchez, ibid., 1992; Jorge F. Hernández, La soledad del silencio. Microhistoria del santuario de Atotonilco, México, Universidad de Guanajuato/Fondo de Cultura Económica, 1991; José de Santiago Silva, op cit., 2004.
(8) Cf. Gilles Chazal, “Arte y mística del barroco” en Arte y Mística del barroco, México, UNAM-Conaculta-DDF, 1994, pp. 26-27.
(9) José de Santiago Silva, ibid., pp. 147-160 y 491.
(10) Graciela Cruz López, “San Miguel el Grande y el Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco” (inédito), San Miguel de Allende, 2008.
(11) Ibid.
(12) Cf. Martha Fernández, “El neóstilo y las primeras manifestaciones de la Ilustración en Nueva España” en Anales no. 64, México, Instituto de Investigaciones Estéticas/UNAM, 1993, pp. 31-46.
(13) María Concepción García Sáiz, “Principios y proceso del arte colonial en México”, en México colonial, Madrid, Caja de Ahorros del Mediterráneo/Museo de América/Ministerio de Cultura, 1989, p. 29.
Tomado de:
San Miguel de Allende y el Santuario de Atotonilco Mexico
Presentación: Francisco Javier López Morales
Texto: Francisco Vidargas
© 2008, Presidencia Municipal de San Miguel de Allende, Gto.
Nota: Este texto está basado en el Expediente Técnico, coordinado por Francisco Javier López Morales para la Presidencia Municipal de San Miguel de Allende, en el que participaron los investigadores Graciela Cruz López, Jorge F. Hernández, Francisco González Milea, Luis Felipe Nieto Gamiño, Don Patterson, Edgar Urbán, Salvador Urrieta y Francisco Vidargas.
Coordinador editorial: Christopher Finkelstein
Fotografía: Gustavo Javier López/ Agustín Valadez
Diseño gráfico y cuidado editorial: Juan Carlos Burgoa
Traducciones: Bárbara Dobarganes (inglés), Marie Moébius (francés)
Impresión: Imprenta Juventud, S.A. de C.V.
Hecho en México/Made in Mexico
Ubicación de la Casa de Ejercicios de Atotonilco:
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada